Hoy justo al llegar a mi casa lo primero que he hecho es CAGAR. No es extraño, se ve que tenía que expulsar toda la mierda de la que me había impregnado visitando obligatoriamente esta mañana y bien temprano la Universidad de Córdoba. Había quedado con el dichoso director de proyecto para devolverle unos libros que me dejó y que él me diera el “permiso” para entregar el proyecto y la propuesta de tribunal.
Pues bien, ya llegando en bus recordé la sensación que tuve durante tantos años de formar parte del rebaño de reses que llevan al matadero y me alegré tremendamente de no tener que volver jamás por allí. Mil vueltas después llegué a la zona de despachos de los “profesores” (¡pero Fry! ¡yo no sé enseñar! ¡soy profesor!) y allí encontré la primera prueba real de que estaba en la universidad… la impresora de los despachos lleva años funcionando mal, la solución en este caso es obvia, una cutre-impresora cutremente instalada con los cables por medio en mitad del pasillo para los que quieran imprimir medianamente bien.
Voy a hablar con el personaje en cuestión y tiene la poca elegancia de coger el móvil y ponerse a hablar y por si fuera poco me pide que salga de su despacho y cierre (por fuera) xDDD casi era cómico pero bueno. Cuando entro me dice que bueno, que donde está eso que hay que firmar… me quedo helado. Le digo que se supone que eso es un permiso que ESCRIBEN Y FIRMAN ellos y que yo incluyo en la documentación y me contesta riéndose: “pero bueno, los directores no trabajamos, sólo firmamos, buenooo eso deberías ya saberlo tú… y eso que tú ya estás trabajando en la calle y estás más espabilao, joe. Los directores no trabajamos! hehehe” (literalmente). Reprimiendo mi instinto homicida me río apretando los dientes y termina “haciéndome el favor” de escribirmelo allí mismo. Me lo firma él y no el otro director, que está en el rectorado haciendo su papel de persona-importante-de-la-UCO y no viene hasta después pero me dice este tipejo que tampoco importa, que diga en secretaría que me lo firman luego.
Este tipo tenía prisa porque tenía una reunión así que le comenté que si tenía preparada la propuesta de tribunal a lo que recibí la respuesta que todos estais pensando. Se me va corriendo para la importante reunión y me voy mientras a “hacer tiempo” a secretaría a preguntar sobre una beca de la que me enteré.
De camino a secretaría empecé a oir los sonidos que anunciaban la tempestad, iluso de mí, pensé que aquello no tenía que ver conmigo. Cuando llego a la puerta el circo estaba preparado. Por lo visto, este año se ha instalado un “Sistema Inteligente de Gestión de Espera” que quiere decir que el Sistema se cuelga, es de todo menos Inteligente, la Gestión no hay quién la entienda (iba saltando números aleatoriamente) y eso sí, de Espera sí que era. Lo primero que me llamó la atención: dos grandes monitores colgando de un cutre-hueco del techo, techo de una zona de la Biblioteca que hicieron nuevecita el año pasado o así.
Intentando no formar parte de los zombies que allí se encontraban entro directamente y cuando llego a la zona de la Politécnica una señora con tremendas gafas me mira como asustada (¡un rebelde! ¡a él!). Total, que le digo que voy a preguntar una chorrada y me dice que tengo que coger número enfatizando en que es PARA CUALQUIER COSA. Vale, pobres criaturas las que desarrollaran ese sistema creyendo que mejorarían la eficiencia de las colas porque lo que en realidad sucede es que el que está allí le da al puto turno cuando le sale de los cojones y así atiende a tres personas en media hora (contrastado) y trabaja como la décima parte de lo que trabajaba cuando las hordas apretaban contra la puerta.
Al final me pillo mi número (el ¿207?) y me toca esperar 45 o 50 minutos para una pregunta. El sistema se queda colgado de repente y deja de proclamar los números la voz robótica, que era la única que estaba haciendo allí bien su trabajo. Milagrosamente, veo a uno de la Politécnica pasar y, saludándolo, le digo que ya llevo cuarenta y cinco minutos y que es absurdo esperar tanto para una pregunta y que además el sistema está K.O. Me dice que si tengo número y que espere. O_O
Rato después, consigo ser apto para ser atendido y lo primero que me dice el tipo es que me he equivocado al darle a escoger el número porque en esa mesa es donde se ENTREGAN los proyectos. ¡Y yo qué coño sé! ¡Yo le he dado a consultas sobre entrega del proyecto! ¿Había otra cosa más cercana a lo que yo quería? (¿y puede?) La hostia… me hace el gran favor de atenderme y cuando le pregunto toma aire y me suelta lo que se sabe de memoria. Bien, extraigo la información que me interesa y me piro. Tardé minuto y medio dentro… ¿para eso tanta mierda?
Luego para colmo vuelvo con el director, me hace la propuesta de tribunal y mientras estamos hablando un poco de la presentación entra otro que tal baila y le empieza allí a dar la enhorabuena por no se qué cosas con un secretismo obvio y se queda como cortado porque estaba yo delante. El director dice: “no, no, si ya habíamos terminao…” y digo “sí, sí, yo ya me iba”.
Me fui de allí cagando leches, ya ves, como me interesa tanto verlos darse palmaditas en la espalda porque han salido en el periódico presentando un super-proyecto de investigación… (podría ser eso, por ejemplo). Total que me fui de allí recuperando mi libertad y mi aliento… ¿cómo se puede estar tan engañado como para pagar la pasta que vale estudiar allí a cambio de tanta ineficiencia?… qué jóvenes éramos… qué pena. Si al menos hubiera llevado adelante aquella idea de la UCOVI (UcoViolencia, un grupo de muchachos fornidos que cualquiera podía contratar para reaccionar frente a las injusticias de la forma más violenta posible, a más violenta más precio, claro está). En fin, siempre queda la alegría de que todo eso forma parte del pasado.
Autor: Nu.
Tags: burocracia, uco, universidad




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